Los orígenes de esta edición se encuentran en el ambicioso proyecto Biblia Polyglotta Matritensia, una iniciativa del antiguo Instituto Arias Montano del CSIC para producir una nueva Biblia Políglota. El plan inicial era utilizar el Códice de Leningrado B19a como texto principal para el hebreo, junto con sus masoras y un aparato crítico. Este aparato incluiría fuentes hebreas masoréticas como el Sefer Diqduqe ha-Teamîm, el Sefer 'Oklah we-'Oklah, el Tratado de Mishael Ben Uzziel, las diferencias entre Ben Asher y Ben Naftali, los Hillufim. También incorporaría fuentes no masoréticas, como variantes talmúdicas y midráshicas, el Pentateuco Samaritano y los Rollos del Mar Muerto, así como las variantes babilónicas y tiberienses de los fragmentos de la Genizá de El Cairo, así como fuentes no hebreas como las versiones antiguas.
Sin embargo, el proyecto de edición del texto hebreo sufrió varias transformaciones, como atestiguan diversas referencias, y finalmente evolucionó hacia un enfoque distinto. En 1961, durante el Tercer congreso mundial de estudios judíos en Jerusalén, Pérez Castro anunció que el Códice de El Cairo y sus masoras servirían como base para la edición española. Este proyecto revisado también incluiría variantes de los textos de Alepo y Leningrado y sus masoras, junto con tratados masoréticos como el Sefer Diqduqe ha-Teamîm, el Sefer 'Oklah we-'Oklah, y el Tratado de Mishael Ben Uzziel. No fue hasta los años 1970, sin embargo, que el proyecto adoptó su forma definitiva. Una nueva generación de académicos redefinió su alcance, culminando en la decisión de enfocarse únicamente en el Códice de El Cairo. Emilia Fernández Tejero jugó un papel crucial en este cambio, convenciendo a Pérez Castro de que el equipo hebreo debería dedicarse exclusivamente a la publicación del Códice de Profetas de El Cairo y sus masoras. Esta decisión marcó el inicio del trabajo que finalmente dio lugar a la edición que conocemos hoy.
La evolución del proyecto puede rastrearse en varios documentos que detallan sus distintas etapas editoriales: la sección del Prooemium 1 correspondiente al texto hebreo (1957); la versión original e inédita del ensayo leído por Pérez Castro en el Tercer congreso mundial de estudios judíos (Jerusalén 1961); otro documento interno, una especie de 'libro blanco' con una descripción detallada de cómo podría haber sido la edición; y, finalmente, el ensayo leído en el congreso fundacional del IOMS (Los Ángeles 1972), titulado "Una Edición diacrónica del Antiguo Testamento hebreo".
La correspondencia entre Paul Kahle y Federico Pérez Castro revela las etapas preliminares de la edición del Códice de los Profetas de El Cairo. En diciembre de 1959, intercambiaron cartas sobre los materiales esenciales para la edición: microfilmes y fotografías (Figs. 1 y 2).
Inicialmente, Kahle envió microfilmes invertidos del códice a Madrid, lo que obligó al equipo español a usar espejos para leer el texto. Más tarde, gracias a los esfuerzos de Kahle y la asistencia del Orientalisches Seminar de Bonn, se obtuvieron fotografías en blanco y negro del Códice de El Cairo, que fueron puestas a disposición de Pérez Castro.
A pesar de la claridad de las fotografías, el equipo editorial consideró necesario examinar el manuscrito original para resolver las ambigüedades surgidas durante la colación inicial. Las notas de los cuadernos de colación revelan que la mayoría de las dudas estaban relacionadas con los signos vocálicos y de cantilación. En algunos casos, signos como el dagesh y el raphe no resultaban claros, mientras que en otros la vocalización de oraciones o párrafos enteros requería verificación. En febrero de 1976, el equipo inició los trámites para acceder a la Sinagoga Caraíta en El Cairo, donde se encontraba el códice. Tras dos años de negociaciones, recibieron una carta oficial de confirmación firmada por el Sr. Massouda, presidente de la comunidad caraíta, el 13 de enero de 1978. El 3 de mayo de 1978, la Prof. Emilia Fernández Tejero y la Dra. María Teresa Ortega Monasterio viajaron a El Cairo (Fig.3). Durante tres semanas trabajaron sobre el manuscrito, resolviendo meticulosamente las dudas del equipo sobre cada libro. Anotaron cada detalle: desde los raspados y borraduras —que dibujaron— hasta la ubicación exacta de los signos, y revisaron la vocalización de las partes existentes del texto. Además, examinaron otros manuscritos conservados en la Sinagoga, como los Gottheil 14, 17 y 18.
La publicación de El Códice de Profetas de El Cairo se prolongó durante casi dos décadas. Comenzó en 1979 con el Tomo VII: Profetas menores. Junto a él se publicó también de forma independiente el "Prefacio” que justificaba la edición y explicaba su estructura y características. Los volúmenes siguientes se publicaron en el orden cronológico de los libros bíblicos: Tomo I: Josué–Jueces (1980), Tomo II: Samuel (1983), Tomo III: Reyes (1984), Tomo IV: Isaías (1986), Tomo V: Jeremías (1987) y Tomo VI: Ezequiel (1988). Estos completaron la serie de siete volúmenes dedicados al texto bíblico. En 1992 se publicó el Tomo VIII, que contenía un índice alfabético de las anotaciones de la Masora parva y Masora magna. Entre 1995 y 1997 se publicaron volúmenes complementarios adicionales, que incluían índices analíticos de la Masora magna y Masora parva, así como estudios sobre las ocurrencias de casos let ('únicos').
Aunque la edición se atribuye con frecuencia a Federico Pérez Castro, fue principalmente el resultado de un trabajo en equipo. Por esta razón, Pérez Castro figura en los volúmenes como director y no como autor único.
El equipo editorial estuvo compuesto por:
• María Josefa Azcárraga Servert (a partir del volumen II)
• Eugenio Carrero Rodríguez (volúmenes I y VII)
• Emilia Fernández Tejero
• Luis-Fernando Girón Blanc (volumen VII)
• Carmen Muñoz Abad
• María Teresa Ortega Monasterio
Además, Emilia Fernández Tejero se encargó del índice analítico de la Masora magna, María Josefa Azcárraga Servert del índice analítico de la Masora parva y María Teresa Ortega Monasterio del índice de los casos let.
La edición se compone del texto bíblico, dos aparatos y notas explicativas (Fig. 4).
El texto bíblico se reproduce en una sola columna, a diferencia de las tres columnas del manuscrito original, pero mantiene la división de las parashiyyot (porciones en las que se divide la Torá para ser leída públicamente en la sinagoga). Cuando la última palabra de una línea excede o no alcanza el margen establecido por ser demasiado corta, el texto se completa con la letra mem (מ). Además, se reproduce el circellus, un pequeño círculo sobre la palabra o palabras en el texto bíblico que indica una anotación asociada en los márgenes del manuscrito (ver Aparato II).
El primer aparato compila palabras con grafías inciertas debido al deterioro del manuscrito, a inconsistencias de puntuación y proporciona comentarios sobre ellas. El lema se muestra solo con la puntuación relevante para la discusión.
El segundo aparato recoge la transcripción y desarrollo de las anotaciones de la Masora parva y Masora magna, e identifica los simanim (una selección de una o más palabras de los versículos afectados). Las anotaciones de la Masora se reproducen tal como aparecen en el manuscrito, con la única excepción de los casos donde falta el punto indicativo para abreviaciones y términos técnicos, que se ha añadido.
Si las anotaciones de la Masora magna y la Masora parva para el mismo lema coinciden, la Masora parva no se reproduce y se utiliza el símbolo “=” para marcar la coincidencia. Las letras en superíndice en este aparato remiten a notas explicativas al pie de la página, donde se aclaran o se elaboran algunas anotaciones.
La edición del Códice de Profetas de El Cairo representa un logro revolucionario en el campo de las publicaciones bíblicas. Introdujo varias innovaciones clave que la distinguen de ediciones anteriores:
Otra innovación significativa, pero a menudo pasada por alto, de esta edición es la indexación exhaustiva de la Masora, un esfuerzo pionero realizado mucho antes del advenimiento de las herramientas de búsqueda digital. El índice alfabético de las anotaciones de la Masora magna y la Masora parva del Códice de El Cairo contenido en el volumen VIII, y los índices analíticos de las anotaciones de ambas masoras, publicados en dos volúmenes separados, revolucionaron el acceso a las anotaciones masoréticas, y permiten a los estudiosos localizar y estudiar rápidamente cada palabra anotada en el Códice de El Cairo.
Como afirmó María Teresa Ortega Monasterio, miembro del equipo editorial:
Finalmente, la edición del Códice de El Cairo se destaca como una obra híbrida —mitad impresa, mitad manuscrita— que ofrece un nivel de precisión sin igual. Debido a limitaciones técnicas de la época, mientras que el texto consonántico fue mecanografiado, los signos vocálicos y acentos fueron anotados manualmente, asegurando una reproducción exacta de las características paleográficas del manuscrito. Este proceso meticuloso preservó detalles a menudo perdidos en ediciones críticas, tales como: la colocación precisa de los signos ga'ya, raphe y meteg; las formas distintivas de acentos como pazer y zarqa; la disposición exacta de textos poéticos, incluyendo el Cántico de Débora (Jueces 5:2-31) (Figs. 5 y 5bis); las ligaduras características, como alef-lamed (Figs. 6 y 6bis); y el qames característico de este manuscrito—representado como una línea horizontal con un punto debajo (Fig. 7 y 7bis).
Descrita por Dotan como “una obra maestra de reproducción” (“The Cairo Codex”, p. 170), esta edición no solo preserva la integridad textual del Códice de El Cairo, sino que también ofrece valiosas perspectivas paleográficas, raramente presentes en otras ediciones de la Biblia hebrea.
La edición del Códice de Profetas de El Cairo constituye un hito en los estudios bíblicos, tanto por su rigor académico como por su decisiva contribución a la investigación masorética. La dedicación y competencia del equipo de la Biblia Hebrea han sido ampliamente reconocidas en círculos especializados, como lo demuestran numerosas reseñas y estudios. Diversos eruditos han subrayado el papel destacado de España en el ámbito masorético gracias a esta obra. El profesor H. M. Orlinsky afirmó:
De manera similar, Pierre-Maurice Bogaert destacó la reputación internacional del equipo:
La relevancia académica y la necesidad de la edición también fueron subrayadas por Emanuel Tov, quien señaló:
Más allá de su importancia como recurso primario, la precisión y exactitud de la edición han recibido numerosos elogios:
Dotan, por su parte, enfatizó la naturaleza revolucionaria de esta obra:
Asimismo, subrayó el papel sin precedentes del equipo de investigación de Madrid en los estudios masoréticos:
En definitiva, esta edición se mantiene como una herramienta esencial e insustituible para los académicos dedicados al estudio de la Biblia Hebrea.
Ayuso Marazuela, Teófilo, et al. Biblia polyglotta matritensia / Cura et studio Ayuso T. Bellet P. Bover, J.M. Cantera, F. Diez Macho A., Fernández-Galiano M., Millás Vallicrosa J.M., O’Callaghan J. Ortiz de Urbina J. Pérez Castro F. aliisque plurimis collaborantibus peritis. [La Editorial Católica], 1957.
Cómo citar: Martín-Contreras, Elvira y Biblioteca Tomás Navarro Tomás. El códice de Profetas de El Cairo: versión digital. [en línea] https://biblioteca.cchs.csic.es/Codice-Profetas-Cairo/ [fecha de la consulta]
