La pieza del mes

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En esta sección de la web de la biblioteca iremos rescatando obras "especiales" que lleguen a nosotros por diferentes motivos: preparación de una exposición, revisión de la colección, nuevo ingreso, etc.

La pieza del mes de septiembre se dedica al facsímil de un manuscrito mexicano plegado, el Codex Laud (Ms. laud misc. 678), cuyo original se conserva en la Bodleian Library de Oxford.

Toma su nombre de su último propietario, William Laud (1573-1645), arzobispo de Canterbury y rector de la Universidad de Oxford. El original se ha fechado en 1636, pero es posible que sea anterior y fuera corregido en 1636. No se sabe nada de la historia mexicana del manuscrito. Indudablemente es precolombino y las deidades que se representan pertenecen al panteón azteca-tolteca.

En época precolombina, los indígenas realizaban sus libros en papeles hechos con fibras vegetales procedentes del amate y el maguey, en pieles curtidas de animales como el ciervo o el jaguar y en lienzos de algodón. El formato más común era el de biombo o acordeón, consistente en una larga tira que se doblaba y plegaba de esa manera. Se añadían, normalmente, unas tapas de madera forradas de piel, por lo que en el aspecto exterior, cuando se hallaban plegados, no diferían mucho de los libros europeos. Una vez abiertos podían alcanzar varios metros de longitud, conociéndose en la actualidad ejemplares que miden más de 14 metros.


Debieron existir muchos en época prehispánica, pero la sistemática destrucción llevada a cabo por clérigos, funcionarios y militares, así como su ocultación por parte de los indígenas, han hecho que tan sólo se conserven unos pocos. Reflejaban la historia, la geografía, la genealogía, la economía, la ciencia y la religión. La educación de un noble daba una gran importancia al conocimiento de la historia, la mitología y la poesía. Debían aprender a leer y escribir, y eso incluía la composición de poemas, discursos y canciones. El señor universal entre los aztecas era llamado Huey tlatoani (‘Gran orador’). Estos conocimientos estaban recogidos en sus libros. Gran parte de la literatura precolombina que conocemos nos ha llegado a través de transcripciones al alfabeto latino que se hicieron en el siglo XVI, pero otra parte se encuentra en los códices, cuyo desciframiento va progresando en la actualidad. Tras la conquista española, la administración colonial y religiosa continuó permitiendo e incluso desarrollando este tipo de escritura basada en logogramas, tanto por su utilidad comunicativa y económica como para el conocimiento de las antigüedades indígenas, favoreciendo así su evangelización, pero el formato de los libros tendió hacia los cánones europeos de encuadernación y composición por folios y páginas.



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Muerte y dios de la muerte.

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