Johann Wilhelm Weinmann, "Phytanthoza Iconographia" (Ratisbona, 1737-45), Biblioteca de Monasterio de Kladruby

HORTUS BOTANICUS

Tagete – la flor de los muertos 

Su intenso aroma se percibía como medio de comunicación con lo sagrado y con los seres sobrenaturales en la cultura nahua. Se empleaba en distintas celebraciones y sacrificios, donde su olor se distinguía entre otras flores fragantes, el copal y la propia sangre. También se usaba en las ceremonias relacionadas con los muertos, una tradición que ha sobrevivido en México hasta el día de hoy y que también le dio uno de sus nombres: la flor de los muertos. Sin embargo, más conocida es como cempoalxóchitl (es decir, “la flor de veinte pétalos” en náhuatl) o tagete. Además de otorgar un carácter sagrado a la flor, los nahuas apreciaron sus efectos medicinales, entre ellos, sus virtudes para despertar el apetito y sus propiedades aromáticas (la utilizaban como desodorante y afrodisiaco).

Pero, sorprendentemente, un par de años antes había aparecido en un tapiz de Carlos V ¿Cómo era posible? Muchos dijeron que el “clavel de Indias” se había encontrado en África durante la conquista de Túnez por Carlos V. Así, dentro de la retórica imperial, los tagetes pasaron a simbolizar la victoria sobre unos y otros “paganos”. 
Las descripciones detalladas del tagete también figuran entre las ediciones centroeuropeas del herbario de Mattioli que crearon los médicos de la corte del emperador Rodolfo II: Tadeáš Hájek, Adam Huber y Georg Handsch. A diferencia de los nahuas, a estos autores el olor de la flor les parecía desagradable. El olfato es un sentido moldeado por la cultura. En otras obras europeas de la época, podemos leer que la flor producía ampollas, provocaba la lepra e incluso podía causar la muerte por envenenamiento a perros y gatos. La memoria cultural olfativa del tagete nos ofrece, en suma, un muestrario representativo de cómo los significados y valoraciones de los olores y los aromas, lejos de ser universales e inmutables, vienen determinados por lo local y lo cultural.

Las descripciones detalladas del tagete también figuran entre las ediciones centroeuropeas del herbario de Mattioli que crearon los médicos de la corte del emperador Rodolfo II: Tadeáš Hájek, Adam Huber y Georg Handsch. A diferencia de los nahuas, a estos autores el olor de la flor les parecía desagradable. El olfato es un sentido moldeado por la cultura. En otras obras europeas de la época, podemos leer que la flor producía ampollas, provocaba la lepra e incluso podía causar la muerte por envenenamiento a perros y gatos. La memoria cultural olfativa del tagete nos ofrece, en suma, un muestrario representativo de cómo los significados y valoraciones de los olores y los aromas, lejos de ser universales e inmutables, vienen determinados por lo local y lo cultural.

¿Dónde se podía oler (y ver) el tagete en la Europa Central en la edad moderna? Sigue el mapa interactivo: enlace

Para más información sobre las vidas sociales y culturales del tagete en ambas orillas del océano, véase el vídeo: enlace

HISPANEMA. UNA CÁMARA DE MARAVILLAS EN LA EUROPA CENTRAL

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