Llama

Joris Hoefnagel, Animalia Qvadrvpedia et Reptilia (Terra), 1575-1580, The National Gallery of Art, Washington, D. C.

Bestiario

Llama, el ciervo-camello de las Indias 

Hay animales terrestres, acuáticos y aéreos. Y los hay que incluso viven más allá de los cielos, al menos en la imaginación humana. Es el caso de la llama, un animal con una gran importancia simbólica para las culturas andinas. Su valor significativo en la mitología Inca procede de las observaciones astronómicas y de la creencia en que ciertos puntos oscuros en el cielo podían identificarse con una llama que los Incas llamaban Yacana. Según ellos, Yacana caminaba cada noche con una cría suya por el cielo y a medianoche se bebía toda el agua del mar para evitar la inundación del mundo. Por eso, en la cultura andina la llama estaba relacionada con el agua y la fertilidad, desempeñando un papel importante en varios rituales religiosos. Por descontado, también fue apreciada por su valor práctico, es decir, por su lana suave, deliciosa carne y los “mágicos” bezoares.

La primera descripción europea de una llama apareció en la obra Relazione del primo viaggio attorno al mondo de Antonio Pigafetta, donde se inauguró la tradición de pintar la llama como un híbrido compuesto (algo usual para describir la fauna americana): un ser parecido al asno, el camello, el caballo y el ciervo. La primera llama viva en Europa se pudo ver en Madrid alrededor de 1550. Tardó unos 38 años más en llegar a la Europa Central, en concreto a Praga, donde se la exhibió como representación del poder de su dueño, Fernando de Tirol. En cierta manera, era su mascota, un animal doméstico y sin embargo exótico, pues como todos los animales americanos, verlos vivos en Europa era muy raro. Allí la admiraron artistas, naturalistas y otras personas curiosas. Gracias a sus testimonios sabemos que se trataba de un macho, nacido en Perú. Cuando llegó tenía cuatro años de edad, seis pies de alto y cinco pies de largo. Según los informes, el animal era manso, tranquilo y bastante lujurioso. Se conservaron también varias imágenes de este “ciervo-camello”, hechas al natural o a través de copias de otras imágenes.

Para seguir las huellas de la llama de Fernando de Tirol (y sus “parientes”), véase el mapa interactivo: enlace

HISPANEMA. UNA CÁMARA DE MARAVILLAS EN LA EUROPA CENTRAL

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