El “Gallo pavus” de Anselmus Boëtius de Boodt, el médico, de la corte de los Rosenbergs y del emperador Rodolfo II
Rijksmuseum (1596-1610)
El guajolote o pavo (Meleagris gallopavo), en la Edad Moderna conocido como gallo o pavo de las Indias (gallopavo, Indianische Hahn), viene de México central, donde era conocido entre los aztecas como huexólotl (de ahí guajolote), que en náhuatl significa ‘gran monstruo’. No solo servía como sustento, sino que también era considerado un animal sagrado. A saber, existía la creencia de que los pavos fueron una vez hombres, antes de que Quetzalcoátl hiciera descender una lluvia de fuego sobre la tierra que marcó el fin de la vieja era y el comienzo de la nueva. Por lo tanto, tenía un valor ritual simbólico muy importante, en ocasiones incluso sustituía a la carne humana. También se utilizó en rituales destinados a provocar lluvias (en algunas comunidades indígenas hasta el día de hoy). El guajolote se asoció con la deidad traicionera y cambiante Tezcatlipoca, el seductor por excelencia. Y, en general, estaba conectado con la sexualidad masculina. Por ejemplo, en el Códice Florentino podemos encontrar el siguiente ejemplo de magia simpática: “Los que quieren mal a otros danlos a comer, o a beber, aquel jeme blandujo que tienen sobre el pico, para que no pueda armar el miembro gentil”. Y en los registros de la Inquisición de la Nueva España aparecen casos de denuncias por haber dado de comer a un hombre moco de guajolote para que no “maltratara a su mujer”.
Los primeros pavos de las Indias llegaron a España en 1511, desde donde se extendieron por todo el continente. Aparecieron en las mesas y en los lienzos, en forma de manjares y representados por los pinceles. Se les distingue en determinadas escenas del Paraíso y episodios de Orfeo, simbolizando el Nuevo Mundo y reflejando la unidad de la Creación. Además, fueron criados en las cortes de los aristócratas, a veces por diversión, es decir, como rarezas o incluso mascotas. Este fue el caso de un gallo de las Indias (kohoutek indiánský) localizado en la corte de Los Rosenbergs (1561), la poderosa casa noble checa, conectada significativamente con el mundo ibérico. Después del año 1592 los llamados "indios" empezaron a aparecer en los países checos como parte integrante de los banquetes festivos, ante todo en las bodas. En la obra Orbis Sensualium pictus (1658) del filósofo checo Juan Amos Comenio podemos ver a Gallopavus al lado del gallo y el pavo real, representando los más conocidos ave domesticae. A su vez, el "Plinio checo", el erudito jesuita Bohuslav Balbín, dejó anotado en su Miscellanea historica regni Bohemiae (1679) que en su época había "gallos indios" (Gallus Indicus) en cada casa. El guajolote efectuó este gran viaje al centro de Europa, desde su consideración como rareza hasta convertirse en un “objeto” de la vida cotidiana, en un tiempo relativamente corto. Sin embargo, en algunas localidades los pavos han conservado cierto exotismo, al menos en su nombre. En Moravia y Eslovaquia todavía podemos encontrar la variante morák/morka, que viene a decir algo así como ‘gallo marino’ o ‘gallo de ultramar’. Por descontado, un parecido sabor exótico acompaña al turkey en inglés y al peru en portugués.