DÍA DEL LIBRO 2014 EN LA BIBLIOTECA TOMÁS NAVARRO TOMÁS

El Greco: personaje

Caballero de la mano en el pecho

Hoy parece incuestionable el papel de El Greco y su trascendencia en la Historia del Arte, habiendo influido en artistas tan destacados como Velázquez, Manet o Picasso. Pero no siempre fue así. Serán los pintores románticos quienes comiencen a reclamar su figura en el siglo XIX y hasta 1902 no se celebra en el Museo del Prado la primera y gran exposición dedicada a su obra. En este año de 2014 se conmemora el cuarto centenario de su muerte como un pintor universal de todos los tiempos.

Domenikos Theotokopoulos, llamado en España Dominico Greco o simplemente el Griego, nace en Candía, actual Heraclion, en Creta, en 1541. Sus primeros cuadros siguen la tradición alla greca, de fondos planos dorados propios del arte bizantino, que combina con repertorios iconográficos muy diversos y nuevas técnicas compositivas más complejas.

Ya en los años sesenta del siglo XVI abandona la isla para trasladarse a Venecia, donde desarrolla una obra autodidacta especialmente rica en la técnica, enmarcada en el círculo de Tiziano, tal y como refleja El Tríptico de Módena (1568-1569). Su etapa italiana y su formación en el marco del manierismo centro-italiano, toma un impulso decisivo a partir de 1570, cuando, de la mano de Giulio Clovio y auspiciado por el cardenal Alessandro Farnese, viaja a Roma. Obras como las de El soplón (comienzos década 1570) serán producidas en estos momentos.


Sin embargo, su expulsión del Palazzo Farnese y su ingreso posterior en la Academia de San Luca, vuelven a dar un giro en su postura estética que acusa con más énfasis el tratamiento del color propio de la escuela veneciana, tal y como refleja la Anunciación (c. 1570).

El Greco llega a España en el último tercio del siglo XVI. Existen documentos que corroboran que su primer destino habría sido la Corte, atraído quizá por una posible participación en El Escorial, confiando en su contacto más insigne Luis de Castilla. Sin embargo, el fracaso en sus intentos de conseguir el mecenazgo real, lo relegan a permanecer en Toledo. Su oportunidad llegará años más tarde cuando Felipe II le encomiende la realización de un lienzo para el Monasterio escurialense: El Martirio de San Mauricio y la legión tebana (h. 1580-82).

Al margen de los puntuales encargos de gran envergadura que recibe, su vida en la ciudad del Tajo se circunscribe al ámbito de su propio taller, concebido con una vocación de gran producción para atender la demanda de un público no especializado. Aunque su tarea como maestro casi se restringía a la creación de modelo y la pintura de retratos, consiguió en esta práctica perfeccionar la técnica y definir su poética: su dibujo se hizo más firme y las formas más geométricas. A partir de 1596 comienza una gran época para el pintor. Recibe numerosos encargos dando gran prosperidad y fama al taller. Poco a poco su pintura se hace cada vez más abstracta, más intelectual, pierde naturalismo y aumenta la carga emocional de las escenas a favor de una mayor religiosidad. Un expresionismo este que se irá agudizando con la entrada del nuevo siglo y que, para historiadores como Bartolomé Cossío, gana en intensidad y en nerviosismo, con manchas cada vez más independientes y sueltas y fondos descorporeizados, que enfatizan el sentido simbólico o fantástico. Por entonces, su avanzada edad le impide ya abordar grandes proyectos, incrementándose la colaboración de su hijo Jorge Manuel en muchas de sus obras.

El Greco muere en Toledo con 73 años, dejando tras de sí una producción artística fiel reflejo de un mundo en crisis marcado por el espíritu de la Contrarreforma (si bien sus intereses siempre fueron más intelectuales que religiosos) y la estética manierista, tendente al antinaturalismo del color y de la composición.

El Greco en Toledo

Vista Toledo

La presencia del Greco en Toledo aparece documentada por primera vez en 1577 en el contrato para la realización del cuadro de El Expolio (1577-79) destinado a la Sacristía de la Catedral de Toledo. Esta obra, de tema poco tratado en la iconografía cristiana, pero especialmente apropiado para el lugar al que se iba a destinar, supuso un certificado de maestría para el artista recién llegado a esta ciudad.
Su primer gran trabajo serían, sin embargo, los retablos de Santo Domingo el Antiguo (1577-1579), cuya temática giraba en torno a la Redención de los hombres por Cristo y al papel de María como intercesora acorde con el carácter funerario del presbiterio dedicado a doña María de Silva y de Don Diego de Castilla (deán del cabildo catedralicio) y su hijo.

Con todo, la relación de El Greco con Toledo no es clara y con el tiempo ha cobrado fuerza la idea de que sus contactos se ceñirían a una élite cultural en la línea italiana, logrando sus encargos principales gracias a la protección de un círculo reducido de eruditos y humanistas quienes, debido a su formación intelectual, estaban en disposición de comprender su arte y los intereses intelectuales y estéticos sobre los que se fundaba.

Prueba de ello es que durante los primeros quince años en la ciudad tan sólo recibió un encargo que permitiera el despliegue de sus facultades artísticas, El Entierro del Conde de Orgaz (1586-1588), para la Iglesia de Santo Tomé. Durante este tiempo su producción se limitó a obras menores, cuadros de devoción y retratos, pero la monumental obra de Santo Tomé consagra su genialidad. En ella se representa el entierro de Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la Villa de Orgaz, en la misma iglesia a manos de San Esteban y San Agustín en recompensa por su humildad, su devoción a los Santos y sus obras de caridad hacia diversas instituciones eclesiásticas. A comienzos de 1591 se compromete a realizar un nuevo retablo para la Cofradía de nuestra Señora del Rosario de Talavera la Vieja, para la que pinta un San Andrés y un San Pedro, destinados a las calles laterales del cuerpo principal, y la Coronación de la Virgen, para el ático.

En los últimos años del XVI, El Greco recibe el encargo para los retablos de la Capilla de San José de Toledo (la primera consagrada a este santo en toda la cristiandad), y más adelante, dos retablos más: uno para la Capilla del Colegio de San Bernardino en la misma ciudad y otro para el Hospital de la Caridad de Illescas.

Además de numerosos retratos y las dos series de apostolados (que se encuentran en el Museo Nacional del Greco y en la Catedral de Toledo, respectivamente), El Greco trabajó un género poco común en la España del momento: el paisaje. Su Vista de Toledo (1595?/1600?), acusa un marcado carácter expresionista, con claro predominio del negro y colores terrosos, además de un celaje de tormenta, que confieren gran dramatismo a la composición. Más clásica es, por el contrario, su Vista y plano de Toledo (1597-1607). Posiblemente relacionada con Pedro Salazar de Mendoza, administrador del Hospital Tavera, que podría explicar el hecho de que el Hospital, idealizado, aparezca sobre una nube. Una imagen que se completa además con la representación antropomórfica del río Tajo, o el retrato de su hijo mostrando el plano al espectador.

Los últimos años de El Greco se verán marcado por dos grandes conjuntos. A finales de este año de 1607 el Ayuntamiento de Toledo encarga al Greco la decoración de la Capilla fundada por doña Isabel de Ovalle en la Iglesia de San Vicente. Y más tarde los retablos mayor y laterales de la Capilla del Hospital de San Juan Bautista de Afuera o Tavera de Toledo, donde destaca la insólita Visión del Apocalipsis.

Como síntesis y colofón de su poética, la enigmática obra inacabada de El Laocoonte (1610-14) recupera el tema clásico del sacerdote de Apolo y sus hijos atacados por serpientes, teniendo de fondo la ciudad de Toledo. Por muchos considerado su testamento plástico para la posteridad .

Miradas CSIC


Recorrido bibliográfico


Manuel Cossio en el Archivo de la Palabra

Voz de Manuel Bartolomé Cossío:
Comentarios sobre El Greco.
Madrid: Centro de Estudios Históricos.
Archivo de la Palabra, 1931

En 1902 se organiza la primera exposición en España, en el Museo del Prado, dedicada a El Greco, que daría lugar a sucesivas muestras de su obra.

Con motivo del tercer centenario de la muerte de El Greco, en 1914, se celebraron diversos actos que dieron lugar a numerosos estudios y publicaciones por parte de los intelectuales de la época. Autores como Aureliano de Beruete y Moret, Jerónimo López de Ayala (Conde de Cedillo), José Garnelo y Alda, Maurice Barrés, Arthur W. Bern, etc. hicieron su pequeño homenaje a la figura del Greco.

Manuel Bartolomé Cossío publica en 1908 el primer estudio con mayor trascendencia sobre El Greco y su obra. Supuso el punto de partida para posteriores investigaciones sobre el pintor, recuperando su figura para la Historia del Arte. Este trabajo tuvo una gran repercusión, en palabras del propio Cossío a un amigo: “Ahí tienes El Greco. No me da vergüenza decírtelo: aseguran las gentes que ha sido el éxito más universal y unánime de la librería española desde hace treinta años”. La obra se agotó al poco tiempo de publicarse y Cossío comenzó la revisión de la misma para una próxima edición, que no vio la luz hasta 1981, años después de su muerte, editada por su hija, Natalia Cossío de Jiménez.

Francisco de Borja de San Román publicó en 1910 El Greco en Toledo, dando a conocer nuevos documentos, entre ellos el inventario de bienes a la muerte del pintor, así como otros muy importantes sobre las principales obras. San Román estableció la base del conocimiento documental del periodo español.

Cuando se empieza a estudiar el estilo de El Greco surgen gran cantidad de teorías sobre su persona para explicar las peculiaridades de su obra. Estas visiones van desde, las exaltaciones románticas de su “locura genial”, los estudios médicos que analizan los problemas de visión o de juicio que podía sufrir el candiota, hasta las interpretaciones más estructuradas en las que se ensalza su visión mística o se le sitúa como precursor de la pintura moderna.

El médico portugués Ricardo Jorge señaló la hipótesis de la locura en 1912, pues creyó ver en el pintor a un paranoico; mientras que el alemán August Goldschmitt y el español Germán Beritens defendieron la hipótesis del astigmatismo para justificar las anomalías de su pintura. Marañón fue uno de los autores que defiende la cordura del pintor, y analiza el uso que hiciera de modelos entre los huéspedes de la “Casa de Locos” del Nuncio Viejo de Toledo para dotar a sus figuras de gran expresividad y misticismo.

Entre 1920 y 1940 se comenzaron a estudiar los periodos veneciano y romano del pintor asignándole la autoría, muchas veces de forma errónea, de gran cantidad de obras. Se llegaron a considerar hasta 800 pinturas en su catálogo.

Rodolfo Pallucchini, en 1937, estudia el periodo italiano de El Greco y como Tiziano y Tintoretto pudieron influir en su estética, tomando como referencia el Tríptico de Módena de la Galería Estense.

Harold H. Wethey comenzó sus investigaciones en 1955 para identificar y localizar los cuadros realizados por El Greco y su taller, escuela, copistas y falsificaciones. En el catálogo publicado en 1963 rebajó considerablemente el número de obras que se le habían atribuido, y estableció un corpus convincente que ascendía a 285 obras auténticas. En el prólogo Wethey agradece, entre otros, la colaboración de Xavier de Salas, Diego Angulo Iñiguez y Francisco Javier Sánchez Cantón, todos ellos vinculados al CSIC, haciendo una espacial mención al Instituto Diego Velázquez por permitirle el estudio de sus fotografías y el uso de su biblioteca. El valor del catálogo de Wethey se ve confirmado por el hecho que durante los últimos años sólo un número reducido de pinturas se han añadido o quitado de su lista.

Poco tiempo después surgen los estudios que analizan las peculiaridades y características artísticas que definen al Greco, como la publicación de Tiziana Frati en 1969.

Autores CSIC

Los estudios sobre la figura de El Greco y su producción pictórica han estado desde los primeros años del siglo XX vinculados a los investigadores del Centro de Estudios Históricos (CEH), de diversas formas. Manuel B. Cossio, destacado miembro de la Institución Libre de Enseñanza, y pensionado por la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE), desempeñó un papel fundamental. A partir de ahí encontramos autores como Elías Tormo y Manuel Gómez-Moreno, directores de las Secciones de Arte y Arqueología del CEH, que estudiaron la obra del pintor cretense.

En el CSIC, heredero de la JAE, se continuará con esta línea de investigación. Hay que mencionar las publicaciones de José Camón Aznar, Gregorio Marañón o Juan de Contreras y López de Ayala (Marqués de Lozoya). Entre los años 1915 y 1956 destacan los trabajos realizados por autores como José Ramón Mélida, Walter S. Cook, Xavier de Salas, José Mª. Azcárate o Basilio Pavón, entre otros.

En los años 70 destaca la figura del Fernando Marías Franco, becario del Instituto Diego Velázquez dirigido por Diego Angulo, mientras preparaba su tesis sobre la arquitectura renacentista en Toledo. Años más tarde se ha convertido en un reconocido especialista de la obra del pintor cretense. Actualmente es catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, miembro del consejo de redacción de Archivo Español de Arte (CSIC) y comisario de la exposición El Griego de Toledo que conmemora el IV Centenario de la muerte de El Greco.

Alfonso E. Pérez Sánchez, becario y discípulo de Diego Angulo en el instituto, tuvo una importante carrera profesional siempre vinculada al Museo del Prado, del que fue director entre 1983 y 1991. En 1982 fue comisario, junto a José Manuel Pita Andrade, de la primera gran exposición a nivel internacional que se celebró sobre el pintor, El Greco de Toledo.

Otras importantes aportaciones son la del japonés Yasunari Kitaura, también becario del Instituto Diego Velázquez, que desarrolló su tesis sobre el pintor, El sistema imaginativo de El Greco.

Prueba de que el pintor siguió suscitando interés entre los investigadores de arte del CSIC es el proyecto La pintura toledana de la segunda mitad del siglo XVI: el ambiente pictórico, cultural y económico que encontró el Greco en la Ciudad Imperial (1996-1999), dirigido por Isabel Mateo Gómez. La revista Archivo Español de Arte, publicada por el CSIC, ha sido durante todos estos años el vehículo de comunicación de estos autores y otros muchos, para dar a conocer sus investigaciones sobre el pintor cretense.

Entrevista a Isabel Mateo Gómez
Profesora de Investigación del CSIC





Autores y obras imprescindibles

Xavier de Salas (1907-1982) estudió en Madrid donde fue discípulo de Elías Tormo. Fue Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y director del Museo del Prado. Entre su nutrida bibliografía destacan sus estudios sobre Goya, El Greco, Rosales y Fortuny. Los trabajos de Salas se han convertido en referencia obligada en la bibliografía de El Greco y han supuesto una herramienta fundamental para los trabajos de Fernando Marías, Agustín Bustamante García o Jonathan Brown, entre otros.

José Álvarez Lopera (1950-2008), jefe de conservación de pintura española en el Museo del Prado, se convirtió en uno de los mejores especialistas en El Greco. Álvarez Lopera recogió el testigo que había dejado Wethey con su catálogo razonado y realizó aportaciones muy valoradas por los especialistas. Fue miembro del consejo de redacción de Archivo Español de Arte.

Entre los estudios más destacados nos encontramos los publicados en 1984 por Jonathan Brown, Sarah Schorth, Richard L. Kagan, Dawson A. Carr, Susan J. Barnes y Richard G. Mann Visiones del pensamiento: El Greco como intérprete de la historia, la tradición y las ideas, o los tres volúmenes publicados en 1990 por Nicos Hhadjinicolau, y que dedica a los grandes autores que han marcado un punto de partida para el estudio de la vida y obra de este pintor, Manuel B. Cossío, Jens Ferdinand Willumsen y Halldor Soehner. Se incluye además el estudio sobre La muerte de Laocoonte y sus hijos que marcaría otra perspectiva de la obra del cretense hacia formas más abstractas y expresionistas, realizado por Walter S. Cook, investigador estrechamente ligado al Instituto Diego Velázquez.

Una de las exposiciones a nivel internacional más representativas es la que organizaron en 1982 el Museo del Prado, la National Gallery de Washington, el Museum of Fine Arts de Dallas y el Toledo Museum of Art en Toledo (Ohio), El Greco de Toledo. En los textos del catálogo participaron importantes autores como Jonathan Brown, William Jordan, Richard L. Kagan y Alfonso E. Pérez Sánchez.

Entre 1999 y 2000 tuvo lugar una gran exposición en la que participó el Museo Thyssen-Bornemisza, el Palacio de Exposiciones de Roma y la Pinacoteca Nacional-Museo Alexandros Soutzos de Atenas, El Greco: Identidad y transformación: Creta, España, Italia, para mostrar la influencia de Creta, Italia y España en la evolución artística y personal del pintor.

Además de las publicaciones de carácter científico y de los catálogos razonados y de exposiciones destacan otras obras literarias como la de Ramón Gómez de la Serna, El Greco: el visionario de la pintura, que aportan otra perspectiva del pintor: “Voy a escribir una vida del Greco movida en raudales de palabras, dejada en su mayor parte a la inspiración, sometida a la vivencia”. La primera edición se publicó en 1933 y no se reeditaría hasta 1962.

Exposición

El Greco: miradas CSIC muestra las principales obras y estudios, tantos nacionales como internacionales, que conforman el universo “grequiano”, que está muy bien representado en la Biblioteca Tomás Navarro Tomás y en los documentos y fotografías custodiadas por el Archivo.

Se hace un recorrido por la bibliografía sobre El Greco, desde diferentes perspectivas, pasando por los primeros trabajos a principios del siglo XX hasta las publicaciones más recientes. Además se destacan los trabajos realizados por investigadores vinculados con la JAE y el CSIC, así como los catálogos y las obras de referencia imprescindibles para el estudio de este pintor. Se expone un grupo de publicaciones con ilustraciones y láminas vistosas o singulares y otro de estudios que hacen hincapié en los aspectos más curiosos o anecdóticos sobre la vida y obra de El Greco.

Sala Exposición




Catálogo de la exposición

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