La conservación preventiva es la actividad más segura para garantizar la permanencia de los documentos.

Entre las medidas que las bibliotecas pueden utilizar para llevarla a cabo, unas están relacionadas con el uso de instalaciones adecuadas y con la limpieza de los documentos, otras con tratamientos de conservación más tradicionales como la encuadernación, los tejuelos de ph neutro, el papel barrera para evitar que el deterioro de un documento pase al siguiente, el uso de sistemas de protección individual de los documentos, y, finalmente con el control de los índices de humedad, temperatura, contaminación lumínica y atmosférica, para garantizar la estabilidad ambiental.