Acerca de Claudio Sánchez Albornoz

Semblanza

De familia abulense estudió en la Universidad Central: Licenciado (1913) y Doctor en Filosofía y Letras (1914), con una tesis sobre “La potestad real y los señoríos en León y Castilla durante los siglos VIII al XIII”. Del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos (1915). Catedrático de Historia de España en las universidades de Barcelona (1918) y Valladolid. Se trasladó en 1920 a la Cátedra de Historia Antigua y Media de España de la Universidad de Madrid. Discípulo de Eduardo de Hinojosa (1852-1919) y de Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), estuvo vinculado al Centro de Estudios Históricos. En 1918 fue pensionado por la JAE para realizar estudios en la Universidad de Viena, en el Seminario dirigido por Prof. Alfons Dopsch. En el CEH dirigió un seminario sobre las instituciones medievales (1928-1936) y como director del Instituto de Estudios Medievales desde 1932 inició la empresa de coordinar la publicación de las fuentes medievales hispánicas (Monumenta Hispaniae Historica). En él también fue uno de los fundadores e impulsores de la revista Anuario de Historia del Derecho Español. En la Universidad Central fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras (1931) y Rector (1932-1933). Desarrolló su actividad política como diputado por Ávila durante la Segunda República, Ministro de Estado (1933) y embajador en Lisboa (1936-1939). Exiliado, fue profesor en las universidades de Burdeos (1937-1940) y de las argentinas de Cuyo y Mendoza (1940-1942) y desde 1942 en la de Buenos Aires, donde dirigió el Instituto de Historia de España. Fue Presidente del Gobierno de la República Española en el exilio (1962-1971).

Como historiador estaba formado en la metodología de las instituciones propia de la escuela histórico-jurídica alemana. Se puede decir que llevó a cabo una reconstrucción de la historia medieval española desde la Baja Antigüedad hasta el siglo XIII, con particular atención a los reinos y territorios hispano-occidentales (Asturias, Galicia, León, Castilla) y a Navarra. Sus escritos abarcan muchos campos: historia política, historia del derecho y de las instituciones, fuentes e historiografía, historia económica y monetaria.

Su obra es inmensa. Baste recordar que en los estudios que le dedicara en 1986 la Universidad Complutense (En la España Medieval, V) los ítems bibliográficos de Sánchez-Albornoz llenan 14 páginas. Y es que a los numerosos, libros, monografías, artículos y volúmenes de recopilaciones, hay que sumar cuantiosos artículos de prensa, sobre todo de su etapa argentina.

De su gran producción quisiera destacar varios hitos de cara a su interpretación de la historia de España. Animado por Menéndez Pidal en 1922 se presentó al Premio Covadonga con un estudio en cinco volúmenes dedicado a las instituciones del reino-astur leonés, obra que permaneció inédita, pero que fue la base de muchas de sus contribuciones posteriores. La historia medieval española quedaba vertebrada por la Reconquista, entendida como la recuperación política y religiosa tras la invasión del 711. En 1942 publicaba una extensa obra los orígenes del feudalismo, donde exponía de manera rotunda sus tesis sobre la inexistencia del feudalismo en la España medieval, poniendo así de relieve la peculiar historia hispana, cuyos rasgos, la “idiosincrasia hispánica”, quedarían extensamente desarrollados en su ensayo de 1957 España, un enigma histórico, escrito como reacción contra España en su historia de Américo Castro (1948).

Como otras principales obras cabe también señalar sus extensos artículos sobre las behetrías (1924, 1928); Estampas de la vida en León hace mil años (1926), que fue su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia; Despoblación y repoblación del valle del Duero (1966); Orígenes de la nación española. El Reino de Asturias, 3 vols. (1972-1975); Estudios sobre las instituciones medievales españolas, 3 vols., 1976-1980. Sánchez-Albornoz se definía como “republicano, demócrata, liberal y católico”; fue antifranquista, pero también profundamente anticomunista y antimarxista. Su concepción e interpretación de la Historia fue claramente conservadora y nacionalista española-castellana.

Vuelto temporalmente del exilio en 1976, D. Claudio pasó a ser especialmente alabado por los sectores ideológicos que lo habían denostado, al tiempo que el gran historiador estaba claramente enfrentado a los que habían incorporado al medievalismo español nuevas corrientes renovadoras en los años sesenta y setenta. Regresó definitivamente a España en 1981.