Acerca de Gómez Moreno

Reseñado por:
Miguel Cabañas Bravo(CV)

Instituto de Historia (IH-CCHS-CSIC)

Publicaciones en DIGITAL.CSIC

Fecha: 27/06/2012

Semblanza

Historiador del arte, arqueólogo y epigrafista, nació en una familia granadina hondamente vinculada a las artes y la intelectualidad, ya que su padre fue el reputado pintor y arqueólogo Manuel Gómez-Moreno González, quien además fue su primer maestro y mentor.

1) Últimas décadas del siglo XIX: Formación y primeros pasos profesionales

Entre 1878 y 1880 vivió en Roma con su padre, quien había sido pensionado en la Academia de España por la Diputación de Granada y a quien seguía en sus paseos arqueológicos y artísticos. Esta inicial formación luego se amplió acompañándole en diferentes excursiones y exploraciones artísticas y arqueológicas en Granada y su provincia, vinculadas al Centro Artístico y Literario y a la Comisión Provincial de Monumentos de Granada. De aquí partió, pues, su gran agudeza y valoración de la observación directa, el excursionismo, el dibujo, la fotografía, la epigrafía y la documentación.

También en Granada, entre 1881 y 1886, realizó sus estudios de Bachillerato en los Escolapios y, entre 1886 y 1889, realizó en su Universidad la carrera de Filosofía y Letras. Obtuvo en 1895 la plaza de profesor de Arqueología Sagrada y de Dibujo en el Colegio-Seminario del Sacromonte, donde permaneció hasta 1897; mientras lo compaginaba con sus viajes a varias provincias andaluzas e investigaciones sobre monumentos, ruinas arqueológicas e inscripciones, que dieron origen a la publicación de sus primeros trabajos y colaboraciones.

2) Las primeras décadas del siglo XX: los Catálogos Monumentales, el Centro de Estudios Históricos y la Universidad Central

En 1898 se creó en Madrid la primera cátedra de Historia del Arte en la Escuela de Artes y Oficios y Gómez-Moreno se trasladó a esta capital para preparar la oposición. Entonces entró en contacto con Juan Facundo Riaño, Francisco Giner de los Ríos y los círculos del Ateneo y la Institución Libre de Enseñanza. La plaza no llegó a convocarse, pero el granadino regresó a Granada no sólo con el buen conocimiento y gran impacto suscitado por las ciudades de Toledo, Segovia, Salamanca y Ávila, sino también con el magno encargo que se le hizo en 1900 de realizar el Catálogo Monumental de Ávila (1901), dentro de la decisión gubernamental de acometer la catalogación del patrimonio español por provincias. Su éxito hizo que, luego, se le encargaran los de Salamanca (1903), Zamora (1904) y León (1906-1908) (http://biblioteca.cchs.csic.es/digitalizacion_tnt/ ). Esta última provincia le ofreció el gran hallazgo y sugestiva impresión de la arquitectura hispana prerrománica, que él denominó "mozárabe", tema al que dedicó su tesis doctoral y sobre el que publicó Iglesias mozárabes. Arte español de los siglos IX al XI (1919).

No obstante, desde 1910 Gómez-Moreno se vinculó en Madrid a la joven Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y su recién creado Centro de Estudios Históricos, del que se le nombró director de su sección de Arte Medieval Español; sección reestructurada y ampliada a partir de 1914, con la aparición de otra nueva sección, pronto conocidas como las secciones de Arqueología y Arte, respectivamente dirigidas por Gómez Moreno y Elías Tormo hasta 1936. Ambos investigadores también fueron en 1925 los fundadores y codirectores de su órgano de expresión, la revista Archivo Español de Arte y Arqueología, que dividida en sus dos especialidades ha tenido continuidad hasta la actualidad. (http://archivoespañoldearte.revistas.csic.es/index.php/aea y http://aespa.revistas.csic.es/index.php/aespa ).

Desde dicho centro ejerció Gómez Moreno una gran labor erudita e investigadora, que abarcó la arqueología, la historia del arte y de la arquitectura, la numismática, la lingüística y la epigrafía y le permitió ir formando discípulos como Juan Cabré, Juan de Mata Carriazo, Emilio Camps Cazorla, Cayetano Mergelina, Sánchez Cantón, Diego Angulo, etc. Además, tras obtener en 1913 la Cátedra de Arte Árabe en la Universidad Central de Madrid, sumó a ello su labor docente directa como profesor, promocionando siempre entre sus discípulos y alumnos el “excursionismo” o viaje de conocimiento y estudio, tan habitual en la pedagogía renovadora de aquellos años.

Pronto llegaron los reconocimientos y los encargos de importancia. De suerte que en 1917 ingresó en la Real Academia de la Historia y en 1931 en la de Bellas Artes de San Fernando. En 1925 se le nombró director del Instituto Valencia de Don Juan en Madrid y también en 1929 se le hizo comisario de la gran exposición histórico-artística que acompañó la Exposición Universal de Barcelona. Igualmente, en 1930, siendo su colega Elías Tormo ministro de Instrucción Pública durante la dictadura de Berenguer, Gómez Moreno fue nombrado director general de Bellas Artes, cargo que ocupó hasta la llegada de la II República. En otro orden, en 1935 abandonaba la carrera docente, renunciando a su cátedra, por diferencias con el decano Manuel García Morente.

3) Su actividad durante la guerra civil y la dictadura franquista

Durante la guerra civil, Gómez-Moreno entró a formar parte y presidir en Madrid la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, creada a los pocos días del estallido del conflicto. Jubilado al acabar la guerra, mediante direcciones y funciones honoríficas continuó su labor investigadora en el Instituto Diego Velázquez del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), heredero de las secciones de Arte y Arqueología del anterior Centro de Estudios Históricos. Paralelamente, conservó hasta 1950 la dirección del Instituto Valencia de Don Juan, además de sus papeles como miembro de los patronatos de la Alhambra de Granada, la Society of Antiquaires de Londres, la Hispanic Society y el Metropolitan Museum de Nueva York; el Museo del Prado, el Museo de Artes Decorativas y el Museo Arqueológico Nacional de Madrid; a lo que se añadía su función como académico de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando. Incluso en 1942 ingresó en la Real Academia de la Lengua, donde pronunció un discurso sobre la escritura ibérica.

Publicó en este período muchos e importantes trabajos sobre sus diferentes especialidades, pero sobre todo fue un período de reconocimiento como pionero investigador en diversos aspectos de la historia del arte, la arqueología, la epigrafía y la numismática. De hecho, se le nombró Doctor honoris causa por las universidades de Montevideo, de Oxford (1941), de Glasgow (1951) y de Granada (1970). También en 1942 se le otorgó la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y obtuvo otras distinciones y merecimientos variados, como su nombramiento de Presidente Honorario del Instituto Diego Velázquez del CSIC o el premio de la Fundación Juan March (1958).